Si no fuera porque Gürtel existe (y está en la
carcel), diría que el landismo ha resucitado. Vuelven los trileros y
los jetas, el mamoneo de la pasta, los Frank Müller y las fuentes de
langostinos, la codicia y las cartas de recomendación, eso que la
gramática nueva da en llamar tráfico de influencias. El eje
Madrid-Valencia acerca a malandrines y pícaros, gente que cada cuatro
años acude a la parrilla de salida de las elecciones para ir en pos de
los ganadores. Una vez le toca al pepé y otra al pesoe: los golfos no
reparan en siglas. La clase política es sensible a los halagos y se
deja querer por el primero que le friega la espalda.
Pasados los años y los ladrillos, se ven los efectos. Das una patada a
un sumario y salen Correas a manta. Se comportan como en las viejas
películas de destape. Ellos frecuentan las casas de masaje (todo sea
dicho: Roldán fue el primero en dejarse seducir por el brillo de la
púrpura en los calzoncillos) y ellas ofrecen su virtud a cambio de un
vuiton.
Hablando de vuitones, Rita Barberá se parece cada vez más a su falla.
Posee una naturaleza inflamable y abrasadora, caliente. En cuanto le
acercan un micrófono echa chispas y amenaza con arremeter a vuitonazos
contra cualquiera. El otro día Fraga puso la mano en el fuego por ella.
«Está fuera de toda sospecha», declaró, para luego añadir: «De Camps no
diría lo mismo». Es lo que tienen los viejos: dicen la verdad como los
niños. Las palabras del senador gallego no pasaron inadvertidas. En
seguida salió al paso Fabra, que tiene sobrados motivos para esconderse
debajo de una alfombra. A la primera de cambio, el presidente de la
Diputación de Castellón se apresuró a comentar que Fraga debería
retirarse.
No quedaron ahí las cosas. Los mismos periodistas que recogieron las
dudas de Fraga respecto a Camps se apresuraron a preguntarle a Rajoy en
rueda de prensa: ¿y usted, don Mariano, opina lo mismo que don Manuel?,
a lo que el líder respondió sin inmutarse: «Por supuesto, yo opino lo
mismo que don Manuel». Mariano Rajoy siempre quiere quedar bien con
todo el mundo, y eso le pierde. O Camps o Fraga, pero los dos a la vez
no vale. Claro que el problema no es de confianza, sino de poder, y el
poder, en este caso, cae del lado de Fabra, suegro de Juan José Güemes,
alias el bello.
El dinero es el pegamento universal. Todos los que van locos por la
pasta coinciden en el libro de familia o en la lista de bodas. Por obra
y gracia del dinero, el corredor Madrid-Valencia ha extendido sus
tentáculos hacia otras comunidades. La endogamia del ladrillo ha
emparentado a muchos de los nombres que se barajan estos días en los
periódicos. Güemes, por ejemplo, tiene experiencia en suegros con
pedigrí de problemas legales. Su primera mujer fue Berta Rodríguez,
hija del constructor Domingo Rodríguez Losada, dueño de la empresa que
edificó el polémico hotel El Algarrobico en el parque natural de Cabo
de Gata. Rodríguez Losada se ha afianzado en la zona Gürtel. En su día
pretendió construir una urbanización en un pinar protegido de Boadilla
del Monte. Sin abandonar la zona Gürtel, Sepúlveda le puso el nombre de
la ex señora de Güemes a una plaza de Pozuelo. Desconozco cuáles eran
sus méritos.
El protagonista de la semana ha sido Ric Costa, cuya cabeza ha
sacrificado Francisco Camps para intentar salvarse de la quema. A falta
de levantar el secreto de buena parte del sumario, de Ric sólo sabemos
que es pijo y presumido (hace meses también supimos que tenía un
Infiniti que le salvó la vida, pero no la oportunidad de lucir collarín
a juego con el traje).
Desde entonces, las fotos que más se han divulgado de Costa son
aquellas en las que aparece luciendo tipín y abrochándose el botón de
la americana. Hasta el otro día, cuando protagonizó el momento lágrima
ante Camps. Arcadi Espada escribió entonces: «La sospecha más insidiosa
sobre la mayoría de las lágrimas contemporáneas es que nunca se habrían
producido fuera de foco». El columnista destroyer añora la hombría, esa
cualidad que sólo encuentra en Aguirre o Cospedal (sic).
Correa y la extraña familia
'DON EMILIONE'. Desde que se destapó la trama Gürtel, el caudal de
informaciones ha sido incesante. Algunas puede que no tengan relevancia
judicial, pero sirven para conocer la naturaleza de los personajes
(Dios los cría y ellos etc.). Correa estuvo casado con Carmen
Rodríguez, que tiene anclajes en Marbella. Es hija del fallecido malayo
Emilio Rodríguez Bugallo, empresario pontevedrés que se subió al carro
de Roca, y hermana de Emilio Rodríguez Quijano, conocido en Marbella
como don Emilione. A su vez, don Emilione está casado con Joanna
Dogmoch, hija de un empresario libanés que acabó sumándose al negocio
de su consuegro. Mientras fueron cuñados, Correa y don Emilione aunaron
sus sensibilidades. Eran tal para cual.
Volviendo a Valencia, se ha destapado que la red de Correa hizo el
agosto (en julio) con la organización de la visita del Papa en el año
2006. Ante semejante acontecimiento se empleó a fondo El Bigotes, que
tenía conexiones por todas partes. Pero el Papa ya queda atrás y la
vida continúa. Agotadas, por saturación, las posibilidades de la Costa
Nostra, muchos empresarios han emigrado hacia países menos
sensibilizados con la corrrupción. Si Marina d'Or extiende hoy el
ladrillo invasor hacia Marruecos y los Balcanes, en Brasil se ha
asentado Enrique Bañuelos, uno de los empresarios que hicieron más
fortuna en la era del pelotazo. Anticipándose a los hechos, Bañuelos
espera sacar tajada de los millones que se invertirán en Brasil entre
el Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Lo que se
ha perdido Gürtel. La codicia les ha dejado fuera de juego.