Madrid
Un pueblo minúsculo y una casa de propiedad municipal en la Guipúzcoa profunda pueden convertirse en el secreto mejor guardado de un triple intento de magnicidio. Así como suena. Según las investigaciones realizadas por la Guardia Civil, en un local medio abandonado propiedad del Ayuntamiento de Lizarza, un comando de ETA al que pertenecía el presunto etarra Pedro Olano, detenido el pasado día 8 de enero, escondió un misil SAM-7 y un lanzamisiles, adquiridos por la banda terrorista para asesinar al presidente Aznar en la campaña de las autonómicas de 2001.
La casa no está en las mejores condiciones y lo cierto es que cualquiera, sin necesidad de permiso alguno, podía hacerse con un candado con el que sellar una de las habitaciones. En especial si ese cualquiera era un terrorista que actuaba con la sensación de impunidad que debe de dar el hecho de vivir en una población de abrumadora mayoría radical.
Después de 2001, una vez devuelto el artefacto a Francia por inutilidad, el comando -en el que Olano era el único de los cuatro miembros natural de la localidad- siguió utilizando las modestas instalaciones para guardar explosivos que facilitaban a otros comandos operativos. Empezaron usando el zulo cuando la Alcaldía estaba en manos de los afines a ETA y siguieron empleándolo esporádicamente, incluido el periodo de Joseba Egibar. Lo hicieron hasta 2007, año en el que, ironías del destino y de la política antiterrorista, Lizarza empezó a ser gobernado por una alcaldesa, Regina Otaola, del partido a cuyo presidente pretendían eliminar y cuya presencia desembocó en la primera condena a Olano.
El juez Fernando Grande-Marlaska explica en su auto de prisión que Ignacio Iruretagoyena -detenido años más tarde cuando ya ocupaba la jefatura del aparato logístico- aglutinó en un comando a Olano, Juan María Mujika y Gregorio Jiménez Morales. Su primera misión fue, precisamente, la entrega del lanzamisiles. Lo recogieron en la localidad francesa de Guetaria y lo trasladaron hasta Lizarza con la orden de entregárselo a un comando encargado de acabar con Aznar.
Según las investigaciones de la Guardia Civil, la primera entrega se hizo en un paraje montañoso de Hernani. El plan era reventar el acto de inicio de campaña del presidente en el Palacio Euskalduna de Bilbao, el 29 de abril de 2001. La segunda fue en Oyarzun, el 4 de mayo: esperaban que el presidente aterrizase en Fuenterrabía. Y la última en Burgueta, cerca de Vitoria, horas antes del cierre de campaña del PP, el 11 de mayo.
Cada vez que fallaba, lo volvían a guardar. Al final, Iruretagoyena lo devolvió a la dirección de la banda, que lo ocultó en un zulo hasta que, en 2004, el número uno de ETA, Mikel Antza, fue detenido y los investigadores llegaron hasta el misil.
Ayer, Olano se negó a ratificar ante el juez su confesión ante la Guardia Civil y se limitó a denunciar que había sido torturado. Eso no le libró de una imputación por conspiración para el asesinato, a sumar a las evidentes de pertenencia a organización terrorista y tenencia de armas de guerra y explosivos.
Además, la Sección Primera de lo Penal también ordenó ayer mismo su ingreso en prisión para cumplir la condena de dos años de cárcel que le impuso por amenazar a Otaola. Del auto de prisión de Grande-Marlaska se desprende que Olano formaba parte de un comando terrorista cuando lanzó ese «vas a morir», que además de delictivo se ha demostrado imprudente, porque dos años después ha servido a la Guardia Civil para identificarle.
Por esas fechas -septiembre de 2007-, Olano formaba un mini comando junto a Juan María Mujika. Eran los restos del grupo que había operado entre 2001 y 2006. El hilo del que tiraron los investigadores para situarle en el comando fue la igualmente imprudente carta de Mujika a su hija Irati, arrestada el pasado noviembre. En ella se incriminaba a otra persona en sus actividades terroristas. No daba el nombre, pero sí suficientes datos como para deducir que se trataba de Olano. Entre ellos, que había sido detenido «en relación al asunto de la alcaldesa». El padre pedía a la hija que concertase un encuentro entre ambos. Una petición que, al final, ha mandado a Olano a prisión.
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Videoblog:
'La moraleja del caso Olano', por Pedro J. Ramírez.