Viernes, 6 de noviembre de 2009. AÑO XXI. NÚMERO: 7.263. EDICIÓN MADRID. PRECIO: 1,20 euros
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LA 'PRIMAVERA' DEL ESTE La canciller, en blanco y negro
«Me retiré pronto porque madrugaba»
Angela Merkel hace memoria del día en que celebró la caída del Muro de Berlín
ROSALÍA SÁNCHEZ. ESPECIAL PARA EL MUNDO

Berlín

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A pesar de que la reunificación alemana arrastra muchos flecos y aunque las dos sociedades distan de ser un todo integrado, Este y Oeste confluyen en la persona de Angela Merkel con una asombrosa armonía. Ayer, durante la charla que mantuvo con varios corresponsales extranjeros, disfrutó relatando recuerdos personales sobre el Muro de Berlín y comentando cómo sus experiencias, primero en el Este y después en el Oeste, han hecho de ella la líder política que es hoy.

Merkel vio en la tele la noticia de la apertura del Muro. «Comenzábamos a trabajar en la Academia de Ciencias a las siete de la mañana y no salíamos hasta las 16.30 horas. Las últimas horas no rendíamos, pero teníamos que cumplir el absurdo horario. Estaba cansada y, cuando escuché a Schabowski, no pensé que fuera a pasar. Llamé a mi madre. También lo había oído y bromeamos. Pasaríamos al Oeste ¡para ir a comer al Kempinski!»

Ni por un momento dudó en cancelar la cita que tenía con una amiga para ir a la sauna y, cuando se dirigía de vuelta a casa, en la Schönhauser Allee, decidió seguir a la multitud hasta el Muro. Merkel, por tanto, estaba en algún escondido fotograma de aquellas imágenes de televisión que forman parte de nuestro subconsciente colectivo. Una de sus cualidades definitorias, el pragmatismo, era entonces ya un hecho: «¿que si fue embarazoso que nos regalasen dinero y bananas? En absoluto, no sentí que fuera una limosna, me pareció muy práctico!».

«Llegamos hasta el Kudamm unas 10 personas para celebrarlo y beber cerveza juntos. Después no he vuelto a verlos. Yo no me retiré muy tarde, porque tenía que madrugar». El improbable trayecto de Merkel, desde hija de un pastor luterano en la RDA hasta la cima de la política germana, como jefa de un partido conservador occidental de predominio masculino, se explica en parte por su cultura protestante del trabajo, que queda perfectamente reflejada en esta escena: «Daba una conferencia en una universidad polaca sobre física celular el 13 de noviembre. No quería defraudar y el viernes, día 10, me encerré con los apuntes y no quise saber nada más del Muro hasta que volviese. Los polacos se quedaron estupefactos al verme aparecer, habían dado por cancelada la conferencia. Me decían '¿qué haces aquí?' No querían hablar de física, sólo de la caída del Muro».

Nunca luchó activamente contra el régimen, pero mantuvo «una distancia crítica». Tres meses después había ingresado en la política porque «era evidente que necesitarían gente». Y en la CDU, «porque los intelectuales estaban allí». No tenía una imagen idealizada de Occidente, pero del Este recuerda el miedo: «Nunca podías saber si un conocido o amigo era un informante». Aprendió a no decir una palabra de más.

Recuerda que en la RDA las relaciones humanas marcaban la existencia. «Ese estilo de vida entrena para el diálogo, para los acuerdos necesarios». Una vez en democracia, «constantemente había que dar argumentos y decidir entre muchas posibilidades, hasta para comprar unos zapatos. Esto era nuevo». A la arrogancia del Oeste «se acostumbra uno con el tiempo».

ELMUNDO.es

Especial:

Berlín, 1989

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