Domingo, 10 de enero de 2010. AÑO XXII. NÚMERO: 7.327. EDICIÓN MADRID. PRECIO: 2,20 EUROS
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LA VENTANA
Contra mujeres tapiadas
ANTONIO LUCAS

Sarkozy, que de todo hace oficio y melodía de novedad, impulsa en Francia una ley que sancionará con 750 euros a las mujeres que vayan por la calle «completamente enmascaradas». O sea, tapiadas por la patología textil de un burka o similares. Lo dijo bien la otra mañana el director de Factual (ya saben, Arcadi Espada), en su columna de EL MUNDO.es: «Detrás de cada burka hay un delito». Y nos atreveríamos a añadir: y sobre todo delante, que es donde está el devoto talibán imponiendo modestia y sumisión con el candado de un sayo, con la sepultura azul de esa sastrería psíquica. El burka no es un abalorio, sino una puta clausura, sordera y ceguera impuestas, el escaparatismo siniestro de la anulación de las mujeres. El burka y derivados es también una bandera. Una forma de hacer patria agusanada, humillando a la mujer porque arrastra no sé qué delito por dentro. Aquí no se trata de libertad religiosa -qué concepto tan exótico-, sino de Derechos Humanos -que, mira tú, están muy por encima de las religiones-. No ofende el crucifijo en el pecho como no ofende el velo en el parque. Cada cual con su merchandising. Ambos objetos son neones de la fe, veladuras que no velos. Pero lo del burka es cosa de otra categoría. De este modo, monsieur Sarkozy, tan eléctrico y vistoso, acierta con la propuesta. Una medida razonable que no encierra anti islamismo, sino anti primitivismo, evitar la condena de un ser reducido a bulto, difuminado hasta la nada. Aquí también hubo un rastro de burkas de otro modo, los negros velos del nacional catolicismo, las oscuridades espesas de La casa de Bernarda Alba, los lutos feroces, los cuerpos sellados. No hace tanto. Pero ésa es otra historia. Distinta a la del pasado mes de octubre, cuando Fátima fue a testificar ante el juez Gómez Bermúdez en la Audiencia Nacional encriptada de pies a cabeza. Se suspendió la vista: «Viendo su rostro, yo puedo ver si me miente o no, si le sorprende alguna pregunta o no», adujo el ropón. Pero en verdad quería decir que sólo viendo su rostro ambos estaban bajo el mismo amparo de igualdad, en el mismo código legal. Una cara oculta encierra inevitablemente una sospecha, un lenguaje imposible. La risa y el llanto, la identidad, el placer y el pecado van siempre en la jeta. La cabeza es un mapa muy democrático.

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