Sábado, 9 de enero de 2010. AÑO XXII. NÚMERO: 7.326. EDICIÓN MADRID. PRECIO: 1,50 EUROS
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 OPINION
A DIESTRA Y SINIESTRA
Nudismo obligatorio
DAVID TORRES

LA PROHIBICIÓN de llevar burka en espacios públicos plantea una muy interesante cuestión epistemológica. Si, según la nueva ley de corrección facial, todo el mundo debe ir a cara descubierta, acaban de arruinar la nueva gira de los Kiss, una vieja banda de rock cuyo principal atractivo reside en el abundante maquillaje de la señorita Pepis con que los cuatro músicos intentan timar los estragos del tiempo. En teoría, los Kiss son prácticamente inmortales: bastaría con que un joven retoño se embadurne las pinturas de guerra para reencarnarse en uno de los cuatro jinetes del apocalipsis rockero. El fan de los Kiss no espera ver a cuatro abueletes sobre el escenario para luego pedirles un autógrafo en la barra del bar. Nadie quiere ver a Marilyn Manson (ni mucho menos a su ex) recién levantado de la cama, antes de pasar ante el espejo para tunearse la cara.

El burka es una forma de maquillaje religioso extremo, no una muestra de violencia, ni mucho menos «la violencia misma», como decía ayer en estos mismos papeles Arcadi Espada, al que se le fue un pelín la mano en su defensa del carácter público de la civilización occidental. Por ese camino se llega, por supuesto, hasta la ley del afeitado total, para que todos nos veamos bien las caras. Porque decía también Arcadi, en formidable silogismo, que «la cara del malvado lleva perilla», una arriesgada caracterización de Cervantes, Shakespeare y los tres mosqueteros. Si quien, como es mi caso, gasta perilla es un perillán, un barbudo frondoso a lo Darwin podría ser considerado un bárbaro, para utilizar el mismo tronchante y obsoleto juego de palabras.

El absurdo de tachar la visión de un rostro femenino se contrapone al absurdo de prohibir la tachadura. ¿Por qué el velo no y la capucha de los nazarenos sí? ¿Por qué no prohibir también los sombreros, los bigotes, las gafas de pasta y las patillas largas? ¿Por qué no seguir con las corbatas, las faldas hasta los tobillos y la ropa holgada? Si el burka es una seña de identidad religiosa que conviene mantener oculta, ¿por qué permitir en público el pelo en cresta de los punk y la artillería gótica de las hijas de Zapatero?

No, de lo que se trata es de intentar suprimir del espacio público una religión (por cierto, la más extendida del mundo), como el caso de los minaretes en Suiza. Sea usted musulmán, pero en su casa. Sin embargo, el burka no lleva aparejada la bomba, como demuestra la orgullosa viuda del torpedo humano que se llevó por delante a siete agentes de la CIA. Ella lo recuerda a cara descubierta. Aunque nos parezca increíble, e incluso repulsivo, hay mujeres que quieren ir tapadas. A ver si la libertad va a consistir precisamente en eso.

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