Berlín
A medida que se acerca el lunes, fecha en que comenzarán las negociaciones para acordar la coalición entre Angela Merkel y los liberales del FDP, crece en Alemania una bola de nieve que tiende a desplazar al líder de estos últimos, Guido Westerwelle, en la formación de gobierno.
La tradición política alemana otorga al socio pequeño de la coalición, casi de forma automática, la cartera de Exteriores, pero la idea de un ministro gay en la escena internacional parece levantar ampollas.
El equipo negociador democristiano y socialcristiano (CDU/CSU) ha acordado ofrecerle, a cambio, el Ministerio de Hacienda y, tras un tanteo con resultado negativo, ha aumentado la oferta a un superministerio que incluiría Hacienda, Economía, Energía o Industria... e incluso más.
Recién terminado el recuento de los votos, el pasado lunes, un político del Partido Socialdemócrata (SPD), el máximo responsable de Hacienda de la ciudad de Duisburg, Peter Langner, se despachaba públicamente con las siguientes declaraciones: «Yo no querría un ministro de Relaciones Exteriores gay». Amonestado por el partido, pidió disculpas.
A partir de ese momento han sido las páginas editoriales y los analistas políticos los encargados, durante toda la semana, de subrayar la inconveniencia de Westerwelle en la cartera de Exteriores. «Evidentemente, sería un problema si un ministro de Asuntos Exteriores de un país importante rehusara reunirse con él», estima Eberhard Sandschneider, director de la Sociedad Alemana de Política Exterior.
El director del Instituto Alemán de Política Internacional y Seguridad, Volker Perthes, cree que «países, como Arabia Saudí, Singapur o Rusia podrían, en un contexto de tensión, explotar la homosexualidad de Westerwelle como ejemplo de la decadencia occidental».
El propio Guido Westerwelle respondió de antemano a este tipo de argumentos hace unos meses, en una entrevista concedida a la agencia France Presse: «El hecho de que Angela Merkel fuera la primera mujer canciller de Alemania planteó también problemas a ciertos países. Evidentemente, ella no lleva velo islámico cuando es recibida en ciertos países árabes, pero a nuestros mandatarios los elegimos los alemanes».
El semanario Der Spiegel mantuvo todo el día de ayer colgado en la portada de su web un artículo, a modo de argumentario, titulado «Razones por las que Westerwelle debe ocupar la cartera de Hacienda». El diario de Colonia Stadt-Anzeiger ha recordado que en muchos países la homosexualidad es un delito castigado con la prisión e incluso en algunos, como Afganistán, Arabia Saudí, Mauritania o Irán, es castigado con la pena de muerte, según la ley islámica.
El ala bávara del partido de Angela Merkel, la CSU, corrige y aumenta en privado estas razones, pero en público se limita a presentar al perfecto ministro de Exteriores (en lugar de Westerwelle): el hasta ahora ministro de Economía Karl-Theodor zu Guttenberg.
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