Dijo que buena parte de esas historias de abusos fueron inventadas. Tan inventadas como la teoría freudiana del recuerdo reprimido. Se le echaron encima y no sólo intelectualmente. Durante una época gastó guardaespaldas. Como dice Slater hace falta mucho valor para romper el cuento cuando la protagonista es una víctima. Lo importante de Loftus es que no correspondió a la palabrería con palabrería, sino con hechos. Es decir, demostró, a través de una miríada espectacular y apasionante de experimentos psicológicos, cómo podrían fabricarse falsas memorias y convencer a las personas de que habían vivido sucesos en los que nunca participaron.
Luis Alfonso Gámez explica que ella misma llegó a ponerse como objeto de la experimentación: descubrió que había sido un comentario implantador de su tío el que le había hecho sostener durante muchos años que su madre «flotaba boca abajo en la piscina, el coche patrulla con sus luces, la camilla con el cadáver cubierto por una sábana blanca»... Siendo la verdad que nunca llegó a ver a su madre muerta. Y más ciertas todavía estas palabras suyas: «La hipótesis más horripilante es que aquello que creemos con todo nuestro corazón no sea necesariamente la verdad.»
Toda esa historia entre autobiográfica y libresca, y sus pliegues cavernosos, me vuelve ahora por un estudio que acaba de publicarse en el Journal of Neuroscience y en el que han participado investigadores españoles. El estudio anuncia: Las diferencias en la evocación de recuerdos verdaderos y falsos están relacionadas con la microestructura de la materia blanca. Uno de los investigadores, Antonio Rodríguez, de la Universidad de Barcelona, me explicó con paciencia el sentido del estudio y también algunas ideas útiles y fascinantes sobre la trazabilidad de los recuerdos.
Te lo escribiré con mis palabras para no comprometerle enteramente: hay morfologías cerebrales que parecen más susceptibles de producir falsos recuerdos. La microestructura de la materia blanca. La mentira blanca. Hace un par de años, en el mismo Journal, Kim y Cabeza, publicaron otro estudio sobre el asunto. Así se anunciaba: Confiando en nuestros recuerdos: disociando las correlaciones neuronales de la confianza en los recuerdos verídicos versus los ilusorios. Otro poema. Este puramente funcional: los investigadores comprobaron que el recuerdo falso y el recuerdo verdadero activan grupos distintos de neuronas; es decir, que la verdad y la invención viajan por avenidas diferentes.
