Como un orate busco en la superficie bruñida el polvo de la batalla y la sangre luterana. La vieja superioridad del realismo: cuanta mayor veracidad, mayor incitación al sueño. En fin, esto es lo que han hecho con las pinturas: desprender sus objetos reales y mostrarlos.

Traer al frente las moléculas recompuestas de Carlos V y su caballo es por ahora imposible y es natural que entre los restos del tiempo sobresalgan los aceros.

Pienso en Dalí: «Los crustáceos son duros por fuera y blandos por dentro; o sea, lo contrario de los hombres.»

Sobrevivió el crustáceo.



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