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Un noble vestido de punk



Sorpresa en la búsqueda de jóvenes corruptos.
«Los inspectores que buscan a los niños presuntamente corruptos por José María Alberch, el maníaco que coleccionaba fotos de sus amoríos se han llevado alguna sorpresa: algunos jóvenes se han casado, otros han muerto y otros más se han en definitiva descarriado.
En una pensión dudosa apareció un noble vestido de punk.
Barcelona.
Cuando el titular del Juzgado de Instrucción n. 22 devolvió hace cosa de un mes el material fotográfico incautado a José María Alberch Monrós a los inspectores de delincuencia juvenil para que elaboraran una ficha con las declaraciones de los menores presuntamente corrompidos por él se inició una exhaustiva investigación que arrojó alguna sorpresa. En principio la cosa se presentaba fácil. Alberch tenía una magna colección de cerca de 500 fotos en las que figuraban todos los datos de sus partenaires jóvenes, de 10 a ? años. Muchos de estos adolescentes figuraban ya en los archivos policiales como chaperos o travestís, por lo que un buen trecho del camino investigado ya estaba andado. Con este material y con las fotos de Alberch y de su compañero Manuel Antonio Fernández Tortosa, los inspectores rastrearon más de una veintena de pensiones del barrio Chino barcelonés en las que la existencia de tráfico carnal con jóvenes está más que demostrada y comenzaron a almacenar datos. De entrada casi todos conocían a Alberch y curiosamente también a su compañero, “anda, pero si el gordo era más bujarrón pederasta que el Alberch”, comentaban algunos. No obstante en otros casos la búsqueda no fue tan fácil. Algunos han muerto, a otros no se les encuentra, otros más se han casado y a otro le espera una sorpresa cuando vuelva de su viaje de novios. Tendrá que declarar sobre su relación con Alberch, pero la mayor sorpresa, no directamente relacionada con el caso, les ocurrió a unos inspectores que buscaban joyas robadas en una de las pensiones peinadas después en busca de chaperos. Los agentes realizaron un registro infructuoso en busca de las alhajas. Al acabar éste necesitaban un testigo que firmara el registro. En estas apareció un extraño personaje ataviado de punk y con una larga cabellera rubia, pese a sus cincuenta años largos, que saludó a la concurrencia con un floreado “hola a todas”. Los inspectores le pidieron que firmara y él en principio se negó. Los agentes le dijeron que legalmente no podía negarse, por lo que de mala gana se avino a estampar su rúbrica. Los policías quedaron estupefactos. El talludito punki era un noble con apellidos que retumban en la historia de España”.»

El Correo Catalán, 2 de mayo de 1985.

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