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28 juny 1962

Demi Gott

Filed under: Cartas — Armand @ 15:50





Carta de Jueni (Maria Eugenia) López de Lamadrid, 28-06-1962, Taradell: … cierro los ojos y pienso que estás a mi lado y que me estás mirando y, cómo no, me pongo colorada. (…) He decidido no bajar mañana a Barcelona. Me han dicho que es una cena no muy grande y que van los Mata, los Sert, etc. No podría estar contigo y me daría demasiada rabia verte con Totona [Sert]. Ya nos veremos el lunes en un sitio en donde podré estar contigo y en donde no tendré que disimular nada. ¡Qué felicidad! Como me temía ya ha empezado a llover y por eso te tengo que dejar. Recibe un fuerte abrazo de la que creo ya no es tu hermanita, Jueni.

Carta de Ricardo Churruca, 18-7-62, Frankfurt: Querido Armando, mil gracias por tu postal. Las revistas, que son maravillosas, no te las mando pues cuestan seis marcos y ahora me resulta un poco caro, además tengo miedo de que la dichosa censura en España pudiera abrir y nos causaría un perjuicio, ¿no crees? Yo he comprado dos o tres números, son de maravilla. Se llaman «Demi Gott» (medio dioses), grandes y con unas fotos y unas posturas de lo más inquietantes. Me han puesto negro. Por un amigo mío he descubierto dónde las venden, pues en realidad incluso aquí están prohibidas. Las grandes son a seis marcos y las pequeñas a cuatro marcos. Sigo en correspondencia con Flensburg. Me han mandado un miembro artificial y una crema especial, así como unos polvos para desarrollar los músculos. Te recuerda y quiere el próximo Míster Universo, Ricardo.

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Carta de Jueni López de Lamadrid, 21-07-1962, Rapallo: Como estábamos en ayunas desde el día anterior, al cabo de un rato ya empezábamos a decir tonterías y a reirnos como locas. A los demás les hacía muchísima gracia y no paraban de servirnos vino y más vino y desde ese momento ya no me acuerdo de casi nada hasta el momento en que me desperté en mi cuarto. No sabes qué apuro cuando me lo han contado todo. Creo que fue espantoso bajarme hasta el barco pues me quería tirar al mar. Por fin entre un chico que venía con nosotros y la mademoiselle lo consiguieron. Desde ese momento no pare de llorar a pesar de estar medio dormida. Me abrazaba a mis medallas y parece ser que rezaba. Terely [Marone], que estaba un poco mejor que yo, estaba apuradísima pues me veía mover los labios llamándote, pero por suerte no dije nada en alta voz.

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