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11 agost 1958

Francisco Rico

Filed under: Cartas — Armand @ 16:17




Carta de Francisco Rico, 11-08-1958:

My dear Armando,

Tal como te prometí te escribo ahora que no sé qué demonios hacer para tenerte al corriente de los «últimos acontecimientos». Espero que al recibo de la presente tú estés tan bien como mal nosotros. El tiempo bueno, a Dios gracias. El Mino se nos está muriendo a chorros pero eso no obsta para que aún no le queden ganas de representar obras dramáticas tipo Ibsen o O’Neill en tres actos y dos cuadros. Un ejemplo: como no se cree que yo he llamado al doctor Massó, hace poner la comunicación en su cuarto, llama él mismo, da el recado a su señora, y se despide diciendo «buena suerte, señora, hasta el otro mundo» y yo, no por lo del Mino, no, que me preocupa poco, porque creo he encontrado ya el auténtico significado de la muerte, el de la vida aún no.

Estoy en el momento más desesperado de toda mi vida, entiéndeme, una desesperación llena de esperanza desesperanzada. Es que me doy cuenta de que cada día me importan menos las cosas, si exceptuamos la poesía. Y naturalmente me preocupo. Mira, yo estaba en Sant Cugat relativamente bien, pues me he venido y no me ha importado lo más mínimo. Empiezo a insensibilizarme que es un gusto. Créelo. Claro que como diría nuestro común amigo Joaquin B., que cada día está más deshumanizado, tenemos un consuelo, el derecho al suicidio. A pesar de mi unamuniana concepción trágica de la vida, qué bien me quedan todas estas frases llenas de una angustia existencial, en mi poesía soy el tipo más profundamente esperanzador y esto me anima algo, porque yo donde estoy un poco claro es en mis versos.

Quisiera que leyeras algo de lo último que he escrito, pero me limito a copiarte en papel aparte algo de lo más corto que tengo. No te extrañe que su conclusión sea bastante distinta: pertenecen a dos partes de mi libro que ya he acabado, totalmente distintas. Me parece que bajo un signo de esperanza me ha quedado bien. Se lo enseñaré a José Agustín [Goytisolo] y a Buxó [Joaquín de]. Lo corregiré algo más, y al Adonáis, y si no me dan por lo menos un accésit será porque Rafael Morales, José Hierro etc., etc. no entienden de poesía humana como la mía y enraizada en cierto modo en una corriente social. Además te participo que es un alegato contra el régimen actual fortísimo. No creo que lo deje publicar la censura, diría también Joaquín. Por lo visto, el que se lo cargue la censura, lo prohiba la iglesia o el Opus lo ataque (su libro), es su ilusión. Claro que también a mí me gustaría lo primero y lo último, lo segundo no. Me pienso conservar en la ortodoxia toda mi vida.

He leído L’Étranger, de Camus y me ha entusiasmado. Y basta ya de carta. Perdona la redacción porque me he sentado a la maquina y he empezado a improvisar. Ahora estoy en Barcelona con que contéstame aquí.

Que te diviertas.

Un abrazo de tu desesperado amigo Paco.



PD: No es tinta roja, no, la de la firma: es sangre.



Poema de Paco Rico:


Aquí, en la más desvencijada estación de los dolores

estamos esperando un tren ilusionado que quizá nunca llegue.

Aquí, al principio de una subida sin fin,

arrastramos nuestras almas siguiendo al sol en su ruta

para abrasarnos en fe

sin alcanzarle jamás.

Aquí, en el remoto planeta que gira sobre sus culpas a un infinito del cosmos,

levantamos en las carnes Torres de Babel de sueño.

Hemos llegado ya al día en que no nos entendemos.

¿Hay alguien que aún no se haya olvidado de nosotros?

No tenemos la sangre ni el dolor.

Si hay que sufrir se sufre.

La luz será más pura cuando llegue.

Tan sólo pedimos un mañana.

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