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1 abril 1956

Sube tus lanzas a la aurora

Filed under: Cartas — Armand @ 16:22



¡Mi pueblo, pueblo mío, levanta tu destino!

¡Rompe la cárcel, abre los muros que te cierran!

Aplasta el paso torvo de la rata que manda

desde el Palacio: sube tus lanzas a la aurora,

y en lo más alto deja que tu estrella iracunda

fulgure, iluminando los caminos de América.



Sube tus lanzas a la aurora. (Pablo Neruda, Canto general, verso antepenúltimo, tomo primero).

«Las lanzas representan las facultades intelectuales, rectas, sinceras y agudas, penetrantes, con ellas puedes introducirte donde quieras, donde creas está tu sitio pero siempre luchando y con arrojo, si no, te vencerán. La aurora representa la superación: ya has nacido, has tenido un alba, debes pasar a la siguiente y como a esta sigue otra y otra, no te puedes detener».

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Carta a Don Juan, abril de 1956:

Señor, al enterarme de la irreparable desgracia que acaba de ocurrir y que tanto nos afecta a todos los buenos monárquicos, los ojos se me llenaron de lágrimas y corrí inmediatamente a la iglesia más cercana donde después de rezar por el alma de nuestro querido infante renové la promesa que un día hice delante de la Virgen de Montserrat en su santa montaña de consagrar mi vida al servicio de la monarquía, de mi rey y de la real familia y le pedí a Dios que me concediera el favor inmenso de algún día poder ser de utilidad a los deseos de vuestra majestad. Desearía, señor, que en esto no viera vuestra majestad ningún interés personal. Sólo me lleva a ello el profundo convencimiento de que España, sin la monarquía y sin vuestra majestad y vuestros sucesores nunca sea lo que en un tiempo fue. Antes por el contrario seguirá hundiéndose cada vez más y más y aunque así no fuere, no por eso dejaría de querer y de servir con todas mis fuerzas este mi gran ideal. Dios ha querido para sí la juvenil y alegre alma de vuestro augusto hijo, nuestro infante, y para nosotros ha sido como si se hubiera llevado a un hijo o a un hermano. Renuevo, señor, el acatamiento, adhesión y servicio que un día juré daros rogando a Dios guarde la importante vida de vuestra majestad los muchos años que os desea vuestro humilde y postrado súbdito a los reales pies de vuestra majestad.

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