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1 novembre 1990

En memoria de Ángel (y XII)

Filed under: Ricardo de Churruca — Armand @ 12:30

Me fui a la casa de Pepita. Allí al menos podía llorar abiertamente, ya que en la casa de mi tía nada puedo expresar sobre este dolor profundo, ya que siempre repetiré: Ángel era para mí como mi único hijo, al que quise muchísimo, tal vez porque fue tan desgraciado y tan abandonado por todos… Al día siguiente procuré reponer fuerzas, ya que aún tenía que pasar el amargo trago de volver a su pequeña habitación y recoger sus cosas.

Todas sus cartas que el pobre me escribía cuando no podía hablarme, sus fotos, etc. Como una reliquia de una pobre persona las guardo y guardaré siempre entre mis recuerdos queridos. Su gorra azul, que tanto usó, y aquellas sus gafas que tanto podrían hablarme de lo que él veía y disfrutaba su pobre vida, que él decía, sin embargo: «la vida es tan bonita, Ricardo». ¿Bonita? ¡Qué admirable persona el que dijera eso! Cuando su vida fue tanto calvario, tantas penas, tantas desilusiones. Últimamente incluso tenía toda su ilusión puesta en una tal Maribel Coronado, que también le dejó cuando más cariño necesitaba. Ella le destruyó incluso, tan cruelmente, su álbum de New York, que con tanto cariño él miraba y remiraba. Tal vez Dios lo quiso así. Al fin y al cabo, ¿no sería en New York que contrajera el terrible virus? ¿Quién sabe?

Yo quisiera simplemente decir, en estas pocas líneas, que en España al fin se puedan dar cuenta de cuánta falta hace caridad y cariño para todos los pobres enfermos de sida, y que algún día tengan una casa o residencia al fin. Que no tengan que sufrir tanto como sufrió Ángel, y que cuando se les dé el alta tengan adonde ir, y en donde puedan ser debidamente atendidos. Quisiera que con este recuerdo de un pobre ser humano sin nadie en este mundo y sin nada, se bajen algunos de sus pedestales de lujo, y de materialismos, y hagan un esfuerzo para colaborar con los que hemos vivido y sufrido y visto lo que significa y es la miseria, el abandono y la falta total de caridad. Y que muchos, que de todo se quejan, aprendan de Ángel Voces Lera su admirable resignación en el sufrimiento, en la pobreza, y en la enfermedad. Que si todos colaboráramos más, y más unidos, cuánto se podría conseguir para tantos pobres seres humanos que tanto sufren aún en España.

Ricardo de Churruca y Colón de Carvajal, noviembre de 1990.

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