Electricidad y democracia



Luego, aún, la maravillosa electricidad. La fuerza y la iluminación eléctricaes una de las cosas más impresionantes y positivas que se han inventado en elcurso de la vida humana. Hoy, a la gente le resulta incomprensible vivir sinluz eléctrica. Se trata de algo tan aceptado y tan habitual que la gente no leda la menor importancia. La gente huye de los sitios en los que no hay luzeléctrica.Debido a la luz eléctrica, la noche ya no es la misma noche de los siglos ysiglos de candiles y velones. —Josep Pla. Notas del crepúsculo


La información es electricidad. Un fluido. No respeta lajornada bocacciana. Ni siquiera las divisorias que introdujeronen ella el parte y luego el telediario. Está a disposicióndel consumidor las veinticuatro horas del día. Comola luz. Sólo es preciso mover el interruptor. Como la electricidad,puede accederse a la información a través demuchas tomas. La radio, la televisión, internet, el periódico,el teléfono móvil, el teléfono fijo, los paneles en lascalles y en el metropolitano y las campanas. Yo me enterépor las campanas, una hermosísima tarde de primavera, deque el cardenal Ratzinger acababa de ser elegido Papa deRoma. A diferencia de la electricidad, el fluido informativonunca desaparece por avería.

El consumidor ya puede acceder de una manera directa ala mayor parte de la información disponible, que es la quecircula por internet. Y, por tanto, es perfectamente librede introducir los dedos en la clavija y experimentar la sensación,sin duda intensa. Quiero decir con ello que, adiferencia de lo que sucedía en el período clásico, nadiemedia por ti. Recordemos la época clásica: el llamadoperiodista recogía algún indicio sobre algo que había sucedido: investigaba y narraba. Mediaba entre el hecho y suconsumidor. Lo fundamental en esta operación era elpacto de confianza que se establecía entre el periodista y ellector. En la mayor parte de las ocasiones el lector no teníaninguna posibilidad de comprobar por sí mismo si lainformación aportada por el periodista era veraz. Todo sebasaba en el pacto. Yo te contaré historias veraces y a cambiotú no dudarás de que lo sean. Lo que el periódico contabase basaba en dos axiomas: la verdad de lo narrado y,también, lo extraordinario de lo narrado. El periódicodecía que en la ciudad las cosas permanecían en su vulgarorden cotidiano con la excepción, justamente, de lo que elperiódico narraba.

Fuera del periódico (y añádase luego la radio y luego latelevisión) no había modo de acceder a información queno se redujera al estricto ámbito familiar y vecinal o queno fuera producto de una azarosa experiencia personal,como la de ser testigo de un crimen. El modo de acceso ala experiencia ajena, globalmente considerada, y, también,el único modo de participar como actor o, más comúnmente,como espectador en el conflicto social era siempreun modo periodístico. Recordemos que un modo periodísticoquiere decir un modo mediado: quiere decir unprocedimiento donde alguien se responsabiliza de la veracidadde lo que se cuenta.

Nadie se responsabiliza del uso que tú puedas darle a laelectricidad. Con la electricidad puedes curar a un niñoenfermo o hacer saltar una estación de trenes. Ça dépend.Esta es, exactamente, la naturaleza del nuevo mecanismoinformativo: la falta de responsabilidad. Como la responsabilidadera la sustancia medular del antiguo oficio delperiodismo. La falta de responsabilidad se ejerce a través,básicamente, del anonimato. El nick o el anonimato simpleson las únicas fuentes de crédito que tiene una informacióndeterminada. O sea nada, ningún crédito. El argumentode autoridad ha desaparecido de buena parte delnuevo sistema informativo. Es un mundo muy raro y muynuevo y es muy difícil pensar sobre él a fondo. Y quizá estéempezando a producir contundentes efectos.

Hace meses el presidente Bush revalidó su cargo contrala opinión dominante del establishment mediático norteamericano,que había apostado por el candidato Kerry.Apostar quiere decir que había una proporción superiorde historias positivas y de columnas favorables vinculadascon el candidato demócrata. Pero es cierto que algunacadena de importancia como la Fox y muchos medios localesestuvieron del lado de Bush, por lo que el diagnósticosobre la decreciente influencia de los medios en la toma dedecisiones no podía ser irrevocable.

El auténtico golpe llegó con el referéndum francés. Pocas veces se ha visto una unanimidad parecida. Comodecía el metaperiodista Daniel Schneidermann, votantedel sí, la propaganda a favor del tratado de Europa ponía acada instante en las televisiones «una imagen y una mentira».La percepción de que el periodismo ha entrado a formarparte de las elites, del clericato del establishment, esavasalladora en Francia. El jefe de redacción de Le Monde,Gérard Courtois lo negó con tanta debilidad, en un debatepostreferéndum con los lectores, que su negación máspareció una afirmación vigorosa. Cabe matizar que la actitudde los medios franceses en la campaña del referéndumsiempre rebasó con mucho la habitual y profiláctica distinciónentre los hechos y las opiniones. Es decir: no es queimparcial y equilibradamente los medios dieran presenciaal oui y al non, aunque adoptando un tono editorial beligerantea favor del sí. Es que las informaciones favorables alsí fueron mucho más numerosas que las favorables al no.Es que la retórica persuasiva se decantó abusivamente porel sí.

A pesar de la actitud de los medios los franceses votaronmasivamente en contra del Tratado europeo.Nada vincula todavía, con pruebas empíricas, este rechazoa la opinión de los medios con la pérdida del monopolioperiodístico en la elaboración y transmisión de la información.Aunque sí hay algún indicio. Por ejemplo, un vistazoa la blogosfera francesa, a foros y webs mostraba, en los díasprevios al referéndum, un dominio concluyente del no.Nadie sabe en qué medida ese dominio ha influido en elresultado. Hay algo más. Los nuevos sistemas informativospertenecen al no. El no domina en ellos. Hablo de un nogeneral, globalizado, que rebasa la anécdota francesa. En lassociedades occidentales las diferencias ya no son entreizquierda y derecha sino entre el SÍ y el NO. El sí es hegemónicoen el periodismo. El no, fuera de él.

Sería muy preocupante que este esquema se consolidara.Sobre todo para el no. Puede alcanzar victorias episódicas;pero difícilmente crecerán las semillas del cambio racionaly radical que pudiera llevar dentro. Un no demediado estácondenado a ocupar el lugar sectario que la sociedadmoderna prevé a la superstición. Pero también para el síhay motivos de preocupación. Si el periodismo —es decir,la mediación, es decir la razón, es decir, la aspiración deverdad— no proyecta su faro incesante sobre las periferiasmorales la calidad de la democracia se resentirá gravemente.No sólo hay razones éticas en esta necesidad. No sé si elperiodismo acaba de tomar conciencia del hecho de que,técnicamente, se puede ya vivir sin él. No sé si sabe que esosupone que ya puede vivirse, técnicamente, sin democracia.No sé si sabe que eso es Orwell, con un ligero retraso sobre la profecía.


Arcadi Espada.
(Artículo publicado originalmente en la revista ZUT, nº2. Otoño 2005)